Este pueblo extranjero, eternamente extranjero, está indisolublemente unido a una ley extranjera hostil a todos los otros pueblos. La posesión del dinero es en sí poca cosa: ellos son nuestros gobernantes, nuestra justicia, nuestra ciencia, nuestro comercio, nuestra literatura, nuestro arte... y poco a poco todas las formas de nuestra actividad se convertirán en esclavas más o menos voluntarias de los judíos que arrastran la cadena de la esclavitud.
Fuente: Fundamentos del siglo XIX
Houston Stewart Chamberlain
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