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sábado, 11 de junio de 2011

Giovanni Papini




Frases significativas que el autor coloca en boca del judío Benrubi: "Para no ser exterminados (los judíos) debieron también inventar defensas. Tuvieron dos: el dinero y la inteligencia... Estas pasaron a ser de útiles de protección, a instrumentos de venganza. Más potente que el oro, para mí, fue la inteligencia. ¿De qué manera el judío oprimido y segregado pudo vengarse de sus enemigos? Por el hecho de rebajar, envilecer, desenmascarar y disolver los ideales de los goim (gentiles).

Destruyendo los valores en los cuales debió vivir la cristiandad... Y, de hecho, si observáis bien la inteligencia judía de un siglo a otro, no ha hecho nada más que socavar y barrenar vuestras queridas creencias, las columnas que sostenían el edificio de vuestro pensamiento. Desde el instante en que los judíos han podido escribir libremente, todos vuestros andamiajes espirituales amenazan con caer".


Fuente: Gog, Editorial Apolo, Barcelona 1932.



Giovanni Papini


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viernes, 6 de mayo de 2011

Jorge Luis Borges




"Tampoco olvidaré el soliloquio Rosencrantz habla con el Ángel, en el que un prestamista londinense del siglo XVI vanamente trata, al morir, de vindicar sus culpas, sin sospechar que la secreta justificación de su vida es haber inspirado a uno de sus clientes (que lo ha visto una sola vez y a quien no recuerda) el carácter de Shylock. Hombre de memorables ojos, de piel cetrina, de barba casi negra, David Jerusalem era el prototipo del judío sefardí, si bien pertenecía a los depravados y aborrecidos Ashkenazim."


Fuente: Deutsches Requiem



Jorge Francisco Isidoro Luis Borges


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viernes, 22 de abril de 2011

Giovanni Papini




En este punto se intercala en el relato de la Pasión, una antigua leyenda. Es una leyenda florecida en la imaginación de los cristianos más de mil años después de la muerte de Cristo; pero contiene un símbolo tan profundo, que la humanidad no la ha podido olvidar y más de un poeta la ha hecho suya para resucitarla.

Entre los Judíos que insultaban a Jesús cuando cayó, había uno más despiadado y ladrado que todos. Cuando los soldados hubieron, al fin, levantado al inmortal moribundo, le dio un manotazo en un hombro, gritándole:

—¡Arriba, arriba, y anda de prisa!

El golpeado, según el Judío habría referido más tarde, se volvió, y, mirándole fijamente, respondió:

— Y tú andarás hasta que yo vuelva.

Y aquel hombre, dejando en el suelo a un hijo suyo que llevaba en brazos, se alejó, y desde entonces anda los caminos de la tierra, sin parar más de tres días en un mismo lugar, sin cansarse, sin poder morir. Uno de los muchos que dicen haberle conocido, refiere que es de "estatura mediana, color moreno, delgado, ojos hundidos y barbilla con pocos pelos”; conoce todas las lenguas, pero no habla sino a los cristianos. Afirma que volvió a Jerusalén para verla destruida; anda descalzo, no tiene bolsa, no se sabe de dónde le vienen los dineros ni nunca le sobran. Si le dan más de lo que necesita, él se los da de limosna a los pobres. Su nombre más conocido, y tiene muchos, es Ahasverus, el hombre que ha rechazado a Dios.

La leyenda no está corroborada por ningún texto de los primeros tiempos cristianos. Pero es verdadera con una verdad más tremenda que histórica.

Que en aquellos días innumerables Judíos escarnecieron el agotamiento y la desventura de Jesús, es certísimo, e igualmente cierto que Alguien vaga errante aún por todos los países, esperando el retorno de aquel a quien apartó de su cuerpo como un miembro podrido. Ese Alguien es el pueblo judío que, pocos años después de la crucifixión de aquél a quien había rechazado, hubo de dispersarse, como rebaño acosado por el fuego, por todas las tierras conocidas, y aún sigue fugitivo y errabundo, en todas partes extranjero y sospechoso, sin sede estable, sin reino que pueda decir suyo, desanidado de la antigua patria que costó tanta sangre a sus padres. A ese Alguien, que quitó la vida al Salvador, le ha sido concedida una inmortalidad material, carnal, visible, en la persona de los hijos sobre los que ha de caer por voluntad de sus padres la sangre de Cristo. Porque ese espectador viviente de la Pasión, que lleva allí donde emigra los textos de los Profetas desatendidos y de la Ley traicionada, debe quedar como testigo de los anuncios, que precedieron al primer advenimiento y debe esperar el segundo, hasta que se convierta al Hijo nacido de una virgen de su sangre.

El Judío Errante no es, pues, como piensan muchos, imagen de una humanidad empujada a andar por la tierra el perenne camino de los siglos y marcada en la frente con una señal roja e imborrable, como Caín, por haber matado a su hermano. El Judío Errante es verdaderamente el Judío, distinto y separado del resto de los hombres; pero no es una sola persona, sino un pueblo entero. Su perenne longevidad es la longevidad, verdaderamente extraordinaria, de esta nación, que todos los pueblos, durante siglos y siglos han diezmado y asesinado, a la que le ha sido arrebatada y quemada la casa, que fue perseguida y vejada en todos aquellos lugares donde ha buscado refugio, y, sin embargo, vive todavía, con su lengua y su ley, separada de los demás, sobreviviendo a todas las estirpes coetáneas suyas por caso único en la historia.

Pero esa raza no se ha convertido aún ni tiene la misma repugnancia a llevar dinero encima que el Judío de la leyenda. Antes bien, ha encontrado una patria nueva en el Oro, y por medio del oro amontonado en sus cajas domina a muchos que dicen creer en el menospreciador del dinero, y ella los ha corrompido a su imagen y semejanza.

Pero los Judíos pobres, los Judíos descalzos, los Judíos hambrientos, los Judíos piojosos que todos los años salen de sus hediondos ghettos de Eslavia para pedir al otro lado del mar un pan más blanco y más seguro, sin la obsesión de la matanza repentina, son figura viviente del verdadero Ahasverus que no ha visto aún volver al Crucificado.

Un oráculo inefablemente misterioso afirma que la segunda venida de Jesús a la tierra no se verificará hasta que no sea cristiano su pueblo. Y el Judío seguirá recorriendo, provisto de muchos bolsillos, los caminos del mundo, para acaparar los dineros producidos por los treinta siclos de Judas, hasta el día en que obedezca a la invitación milenaria de Cristo.

Y entonces, dejando de rastrillar el oro que cae del orificio excremental de Satanás, compartirá con los pobres sus bienes para seguir al divino Pobre a quien no quiso conceder, hace diecinueve siglos, ni siquiera la caridad de un instante de reposo.


Fuente: Historia de Cristo



Giovanni Papini


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jueves, 20 de mayo de 2010

Giovanni Papini




El Romanticismo alemán había creado el Idealismo, y rehabilitado el Catolicismo; viene un hebreo de Dusseldorf, Heme y, con un genio alegre y maligno, se burla de los románticos, de los idealistas y de los católicos.

Los hombres han creído siempre que política, moral, religión, arte, son manifestaciones superiores del espíritu; llega un hebreo de Tréveris, Marx, y demuestra que todas aquellas idealísimas cosas vienen del barro y del estiércol de la baja economía.

Todos se imaginan al hombre de genio como un ser divino y al delincuente como un monstruo; llega un hebreo de Verona, Lombroso, y nos hace tocar con la mano que el genio es un semioco epiléptico y que los delincuentes no son otra cosa que nuestros antepasados sobrevivientes, es decir, nuestros primos carnales.

Cada uno de nosotros está persuadido de ser, en un conjunto, un hombre normal y moral; se presenta un hebreo de Freiberg, en Moravia, Sigmund Freud, y descubre que en el más virtuoso y distinguido caballero se halla convertido un invertido, un incestuoso, un asesino en potencia. Desde el tiempo de las Cortes de Amor y del Dulce Estilo Nuevo, estamos habituados a considerar a la mujer como un ídolo, como un caso de perfecciones; interviene un hebreo de Viena, Weininger, y demuestra científicamente y dialécticamente que la mujer es un ser innoble y repugnante, un abismo de porquería e inferioridad.


Fuente: Gog



Giovanni Papini


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jueves, 8 de abril de 2010

Hermanos Grimm




Acercándose al judío que tendido en tierra trataba de recobrar el aliento le dijo: "Bribón, confiesa ahora de donde sacaste este dinero o vuelvo a coger el violín". "Lo he robado, lo he robado —exclamó el judío— mientras que tu lo ganaste honradamente". Y el juez mandó que ahorcasen al judío por ladrón.

¡Ay! —exclamó el labrador— "Lo que dice un judío es mentira segura. ¿Cuando se les ha oído pronunciar una palabra verdadera?".


Fuente: El judio en el espino



Jakob Grimm y a Wilhelm Grimm


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sábado, 2 de enero de 2010

Jorge Luis Borges




Palabras puestas en el personaje Otto Dietrich zur Linde:"Hitler creyó luchar por un país, pero luchó por todos, aún por aquellos que agredió y detestó. No importa que su yo lo ignorara; lo sabía su sangre, su voluntad. El mundo se moría de judaísmo y de esa enfermedad del judaísmo que es la fe en Jesús; nosotros le enseñamos la fuerza y la fe en la espada".


Fuente: Deutsches Requiem



Jorge Francisco Isidoro Luis Borges


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