Los judíos viven dispersos en el mundo, no obstante, no pierden su cohesión, son criaturas hábiles, peligrosas y hostiles para los demás. Uno debería matarlos como a las serpientes, sin darles tiempo para alzar la cabeza, ya que, por otra parte, morderían sin duda. Su mordedura es letal.
Fuente: Ŷazā’irī, Emir ‘Abd al-Qādir; Kitāb al-Mawāqif
Abd al-Qadir al-Yaza'iri ibn Muhy al-din
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