Los judíos mataron a Cristo para no perder el lugar; matándole perdieron el lugar; arrojados del reino se dispersaron. Tan pronto como resucitó les envió tribulaciones.
Esto mismo dijo El al llorar por El algunas mujeres cuando iba a la muerte camino del Calvario: "No lloréis por mí; llorad si, por vosotras y por vuestros hijos". De esto se deduce que se predicó: "Resucítame y les daré su merecido".
Fuente: Narraciones sobre los salinos.
Aurelius Augustinus Hipponensis
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