lunes, 28 de diciembre de 2009
Charles Dickens
"con un largo tenedor de tostar en la mano, se hallaba el viejo judío encorvado, cuyo rostro ruin y repulsivo se encontraba velado por unas greñas rojizas. Vestía una mugrienta bata de franela, muy escotada y al parecer repartía su atención entre la sartén y una cuerda de la que colgaban un gran número de pañuelos de seda.
-. ¡Qué hermosa es la pena capital! Los muertos no se arrepienten Jamás..., ni vuelven nunca con historias comprometedoras. ¡Ah! ¡Es algo maravilloso para nuestro oficio! ¡Cinco hombres colgados a la vez! ¡No habrá ni uno solo que pueda contarlo o tener envidia!
Mientras el judío pronunciaba estas palabras, sus brillantes ojos negros, que parecían mirar estúpidamente al vacío, se posaron sobre el rostro de Oliver."
Fuente: Oliver Twist
Charles John Huffam Dickens
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